miércoles, 25 de noviembre de 2009


SACADO DEL BLOG: http://mialcorcon.blogspot.com/2009/11/relexiones-sobre-nuestra-democracia.html

RELEXIONES SOBRE NUESTRA DEMOCRACIA
Somos todavía una joven democracia que aún no se ha despojado del lastre psicológico del pasado y todavía conserva bastantes vicios ocultos y complejos sin superar. A muchos españoles les cuesta tomar conciencia de lo que significa la ciudadanía democrática y actuar en consecuencia.
Piensan que ya es bastante democracia el poder votar a quienes desean que les gobiernen. Acuden a las urnas y pagan sus impuestos, dando con ello por satisfechos sus derechos y deberes democráticos. Una vez elegidos sus representantes, éstos ya se encargarán de todo. Diríase que para muchos es casi imposible quitarse de encima el espíritu de súbditos para pasar al de ciudadanos. Aquí, el que manda, manda, por mucho que sea elegido por mayoría. Con los votos se le entrega a un tipo una carta blanca para hacer y deshacer lo que bien le parezca, aunque, desde su legítima pero excesiva autonomía de poder, ignore sus propios programas electorales y las inquietudes y demandas reales de la sociedad. Nos cuesta ver a los gobernantes como empleados públicos a nuestro servicio, a los que elegimos y pagamos para gestionar nuestros intereses comunes, no los suyos propios. Parece como si, paradójicamente, en nuestra pueril democracia, fuésemos a las urnas para escoger democráticamente a quienes queremos que sean nuestros dictadores.Tenemos una democracia todavía muy poco democrática. La estructura de la mayor parte de los partidos políticos es demasiado monolítica, piramidal y autocrática, cuando no feudal, ya que no celebran elecciones primarias para elegir a sus líderes. Los candidatos acaban siendo productos de marketing muy alejados de la ciudadanía real. Ni nuestros congresistas, ni nuestros senadores, representan hoy por hoy, la soberanía popular directa de la gente de sus demarcaciones territoriales, como sucede en otros países. Menos participación tenemos todavía respecto a los jueces y fiscales, en cuya elección no intervenimos para nada.Siendo importante todo lo anterior, aún lo es más la participación ciudadana directa a través de mecanismos de base. Es cierto que muchos avances enumerados en el párrafo anterior exigirían modificar diversas leyes e incluso la Constitución. Si alguna vez se abre un proceso constituyente para modificar nuestra Carta Magna, debería ser para mejorar estos asuntos esenciales para avanzar en la democracia y no para legitimar pretensiones ideológicas y políticas radicales y/o sectarias de ciertos lobbies. Pero no es necesario esperar a que se establezca ningún nuevo marco jurídico para que los ciudadanos tomemos conciencia de serlo y nos involucremos en la dinámica social. Basta abandonar la mortal comodidad de dejarse llevar y ponerse manos a la obra.Hemos de aprender a percibirnos a nosotros mismos, no como objetos pasivos de la actividad política, sino como sujetos activos de la misma. Cierto que hemos de escoger cuidadosamente a nuestros representantes y gobernantes, fijándonos en quiénes son y qué hacen, no en lo que parecen o lo que dicen, pero no podemos esperar de ninguno de ellos que nos vayan a solucionar todo, todo y todo. No creo en el “Estado del Bienestar”, ese “Estado Padre” que monopoliza las soluciones a las cuestiones sociales. Creo más bien en una “Sociedad del Bienestar”, en la que la persona es la protagonista, debiendo asumir el Estado la promoción y coordinación subsidiaria de la iniciativa social. No está hecho el Hombre para el Estado, sino el Estado para el Hombre.Lo que quiero decir, en suma, es que no creo en la capacidad de las superestructuras de poder, por mucho que cambien, para conseguir un verdadero avance social ni un progreso genuinamente humano. Eso sólo pueden hacerlo las personas, los ciudadanos libres, conscientes y activos, mediante una sabia elección de sus gestores políticos y a través de la participación responsable y directa, a través de asociaciones, plataformas, comunidades y redes sociales, en la generación de su propio bienestar social y en la defensa de sus intereses, necesidades y aspiraciones. Ojalá las nuevas asignaturas de Educación para la Ciudadanía se hubiesen diseñado para formar este tipo de ciudadanos libres, comprometidos y activos, y no para el mero adoctrinamiento sectario

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