sábado, 20 de marzo de 2010

Los nuevos pobres cualquiera de nosotros puede ser.


La crisis está devorando a la generación de los nuevos ricos de ladrillo con violencia, como el huracán de proporciones bíblicas que engulló en un santiamén las calles polvorientas de Macondo. Pero, a diferencia del pueblo imaginario más famoso del planeta, donde no quedaron ni los recuerdos de Aureliano Buendía, el 'pinchazo' inmobiliario ha contribuido al nacimiento de un colectivo inédito en la sociedad española, el de los nuevos pobres del ladrillo.

No son mendigos de manta roída ni vino en tetrabrick. No engrosan las estadísticas de la ONU, donde uno sólo figura si sobrevive con un dólar al día. Su nivel de pobreza se mide por el grado de angustia con el que llegan a fin de mes. Y están ahí mismo, puerta con puerta, en la casa de al lado. Y la masa va creciendo a medida que la recesión destroza puestos de trabajo que parecían seguros cuando el milagro económico español salía hasta en portada de The Economist.

Según los últimos datos del Ministerio de Trabajo, un millón de parados no percibe ya ningún tipo de prestación. Eso implica que uno de cada tres desempleados españoles no ingresa ni un solo céntimo de euro al mes. ¿Puede haber una estadística más preocupante? La hay: al cierre del tercer trimestre, más de 600.000 familias no tenían ningún miembro trabajando. Eso, en octubre, cuando la palabra recesión aún no había salido de la boca del ministro de Economía (en público, claro).

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