
Me cuenta un profesor de Universidad que hace cierto tiempo entró en un aula para impartir su clase. Vio con perplejidad cómo en la primera fila un alumno, tocado con una visera bien calada, estaba terminando de comer un bocadillo y apurando una lata de cerveza que había colocado sobre el banco. El profesor, discretamente, espera para darle tiempo a finalizar el refrigerio. El alumno, que se percata de la intención del profesor, le dice con gesto displicente:
- ¡Tú, tira!
Es curioso como algunas de las cosas que aprendemos cuando somos pequeñitos no valen para nada mientras que otras valen para tantísimo cada día. Por poner un ejemplo, hoy por hoy no sabría hacer una raíz cuadrada a mano, ni jugar al escondite inglés sin que me pillara hasta Bartolo, pero sin embargo sí que se que no hay que tirar papeles al suelo, y no he tirado uno en toda mi vida.
Lo peor de la gente que tira papeles (o cualquier otra cosa como envoltorios, colillas de cigarros, etc.) al suelo es que realmente no los tiran, no hacen fuerza, simplemente los dejan caer y que la gravedad y el viento se encarguen. Se abren un caramelo y el plástico envoltorio se les desliza de los dedos directamente al suelo sin pudor algun
Vecinos y vecinas que las normas no van con ellos, no hace falta llegar a estudiarnos los viejos manuales de urbanidad pero desde luego ciertas normas sociales se están perdiendo ,las recordamos :
¡NO SE ESCUPE EN EL SUELO!,¡NO SE TIRAN LOS CHICLES AL SUELO ,NI TAMPOCO OTRA CLASE DE OBJETOS,LATAS,ETC! Y Sí SE VA AL CAMPO O UNA ZONA VERDE Y TIENES RELACIONES SEXUALES ¡TANTO TE CUESTA CERDO COGER EL CLINEX Y EL PRESERVATIVO Y TIRARLO A LA PAPELERA!
Algunas formas de vestir y de comportarse que eran exigidas hace años hoy nos parecerían ridículas. Por eso es importante aprender a vivir en sociedad, pero también aprender a ser críticos con esas formas de relacionarse. No está tan alejado del buen criterio decir de las personas corteses que tienen buena educación. Porque la educación auténtica lleva consigo el aprendizaje de la convivencia.
Una forma de desarrollar y perfeccionar la democracia es cultivar las formas de respeto que están encerradas en la cortesía.