viernes, 18 de febrero de 2011

LA CIUDAD Y LA NATURALEZA



La gran parte de la humanidad vive hacinada en las ciudades. Estamos rodeados por una jungla de edificios de hormigón, con caminos de asfalto y ríos de coches. Apenas hay arbolado o zonas verdes, el contacto entre transeúntes es anecdótico. Las personas se ven tristes y desconfiadas.

Cada fin de semana los habitantes de las grandes urbes sienten la llamada en su interior, la necesidad de contactar con la Naturaleza, que les puede disolver la tristeza y devolver la alegría al espíritu. Pero sobre todo dejar de lado el exceso de trabajo y la preocupación.

Dar un paseo por el bosque, disfrutar de la fragancia de las flores, del murmullo del agua o de las hojas y del canto de los pájaros es un bálsamo para nuestra mente.

Nuestra civilización está desquiciada y es un cáncer para el planeta. Contrasta nuestra actividad productiva con nuestra actividad lúdica. El individuo no puede seguir sintiéndose una cosa a parte de la Naturaleza, debe dejar atrás el afán de dominarla y darle solamente valor en función de explotarla y obtener dinero. Nos consideramos erróneamente no animales, por encima del medio natural con derecho a someterlo a nuestros intereses.

Es hora de cambiar nuestro concepto y trabajar a favor de la madre Tierra, conseguir un equilibrio entre las verdaderas necesidades humanas y su obtención, dejando atrás el consumismo depredador que nos lleva al exterminio.

Es hora de ajustar nuestra población a nuestra huella ecológica, de evitar llegar a construir grandes núcleos de población que nos embrutecen.

Es hora de encontrar un equilibrio: decrecer en nuestro consumo en el primer mundo en favor del eco-desarrollo de los países empobrecidos.

La ciudad consolidada es más fácil de administrar, pero si es grande nos conduce necesariamente a sentirnos antinaturales, desconectados en un medio artificial y por tanto nos crea la necesidad de abandonarla, debemos reconocer que necesitamos contactar con un pedazo de naturaleza: respirar el aire de montaña, de mar, o simplemente ver por la noche las estrellas.

Si no puedes salir al campo haz un ejercicio mental cada día para recuperar tu paz interior: cierra los ojos, toma tres respiraciones profundas, relájate e imagínate en ese rincón preferido (montañas, bosque, mar...). Disfrútalo, deja que el agua se lleve tus preocupaciones, que el viento te acune y te sane. No permitas que el rencor se instale en tu corazón, perdona y trabaja para que la alegría y el AMOR llenen tu vida: saluda a tus vecinos.

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