domingo, 10 de abril de 2011

LOS CAMPOS ELECTROMAGNETICOS NOS LO VAMOS A TOMAR MUY EN SERIO EN ALCORCÓN


La radiación electromagnética en el planeta (en ciudades industrializadas) ha aumentado en los últimos 30 años (edad de piedra de las telecomunicaciones) en más de 100 millones de veces; las perspectivas de futuro son claramente alcistas. La ciudad elegida para escudriñar esta contaminación, mediante «paseos electromagnéticos», ha sido Valencia. Agradecer antes de seguir, a los físicos, la utilización de los equipos para el análisis del espectro electromagnético, desde la frecuencia FM (radio) hasta UMTS (tercera generación de móviles) y «Wifi» (inalámbricos); se incluyen también TV, y las señales GSM, DCSÉ Investigadores como Santini (Francia), Hutter, Kundi y Oberfeld (Austria), Zwamborn (Holanda), Eger y Hagen (Alemania), por citar los más cercanos, han demostrado la existencia del «síndrome de microonda» o «enfermedad de las radiofrecuencias» en humanos, especialmente en aquellos que viven alrededor de una instalación de telefonía. Signos como fatigabilidad, stress, irritabilidad, nerviosismo, cefaleas, naúseas, anorexia, somnolencia, insomnio, disminución sensorial, pérdida de reflejos, retardo en la toma de decisiones, pérdida de memoria, mareos y vértigos, ruidos y zumbidos en los oídos, son algunos de los acumulados en la literatura alrededor de este trastorno electromagnético. Incluso un grupo de investigadores valencianos (Navarro, Segura, Portolés y Gómez-Perretta) publicaron en Electromagnetic Biology and Medicine (2003) un estudio preliminar sobre la existencia de este síndrome en España. Estudio que relaciona por primera vez la sintomatología relatada con la densidad de la radiación microonda que llegaba a los dormitorios de los vecinos de una instalación de telefonía móvil. Este estudio made in valencia compara la incidencia de estos síntomas entre vecinos a 100 y 300 metros de una instalación de telefonía móvil GSM/DCS, demostrando que aumentaban, entre un 32 y 45 %, cuando más cerca de ella vivían, y precisamente donde más densidad de radiación microonda habitaba (0.11 microwatios/cm2; zona rural). Se imaginarán que la critica al estudio, conocido como La Ñora, no se dejó esperar, sobretodo porque unos desconocidos en el tema (no epidemiólogos) habían sido capaces de diseñar una estrategia tan sencilla que les llevara a semejantes conclusiones. Los científicos «de casa» decidieron ante el acoso, regalar sus datos (ejercicio recomendable) a un epidemiólogo internacional (Gerd Oberfeld), que los volvió a analizar, y ante su escepticismo viajo a España, un año después con su equipo, volvió a medir, y demostró en 2004, junto a los valencianos, que las cosas habían empeorado para los vecinos y los resultados, lamentablemente, mejorado para la hipótesis. Sin embargo nuestro país permite, siguiendo la recomendación del ICNIRP (International Comisión on Non-Ionizing Radiation Protection), para las frecuencia de telecomunicaciones de móviles 900 MHz (GSM) y 1800 MHz (DCS), una intensidad de salida de 450 y 900 microwatios/cm2, respectivamente. Valores que se conocen desde la declaración de Salzburgo (2000), como excesivos. Tienen que saber que los sabios del ICNIRP emitieron sus criterios en 1998, y desde entonces no los han variado, a pesar de la gran cantidad de literatura científica publicada en los últimos años en el mundo mundial. Desde el 2001 se ha publicado el 90 % de la información existente en la historia de este tema (más de 500 trabajos). Pero por otro lado, es conocida la afición de ciertos sabios a ser profesionalmente despistados, lo cual no exime de culpa a los gobernantes de solicitar opiniones a otros científicos quizás no tan sabios. Mientras tanto, Rusia e Italia, bajan la intensidad, para proteger la salud de sus ciudadanos, a 10 microwatios/cm2, China establece el límite en 6.6, Suiza lo disminuye hasta 4.2, y ciudades como París y Salburgo, lo datan en 1 y 0.1 microwatios/cm2,

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