lunes, 7 de noviembre de 2011

LO DEL DEBATE




Lo del debate

Aburrido, sí, pero las cosas claras: si a alguien le parece emocionante un Madrid-Racing (con cariño pa’l Racing), esto no fue peor

Actualidad Edgar |

Look at all the fucks i give

Bueno, pues anoche fue el cara a cara. Interesantísimo. Trepidante, diría yo. La gente estaba en pie en sus casas. Insultando a la tele. Hay teles que esta mañana colapsaban las urgencias, de la misma depresión. Noticia verídica.

En fin, os lo contaríamos, pero es que... joder, es que no se puede explicar. Teníais que haber estado allí. Bueno, yo tenía que haber estado allí, sobre todo, porque ahora estoy un poco como llenando artículo. Pero en serio, el debate es una de esas cosas que mejor verlo por uno mismo, porque cada periódico lo explica como le sale de la ética. O sea, de la polla. «Rajoy se come a su rival» o «Rubalcaba: ¡hay esperanza!», son titulares que se pueden leer en las webs de los diarios. No lo sé seguro, porque tampoco he estado allí, pero me lo imagino.

Pero la cuestión es: si el desarrollo es previsible, y la victoria interpretable, como la poesía, ¿para qué sirve el debate? Ese es el quid. Se insiste mucho en que se celebre un cara a cara durante la campaña y a todo supercolumnista defensor de la democracia le parece crucial que lo haya. (Entre los dos grandes, eso sí: tampoco hay que montar un Tómbola.) Pero, ¿sirve de algo? ¿Tiene algún valor que gane el debate uno u otro? ¿Es que si uno ganase el debate y el otro las elecciones estarían empatados?

No, evidentemente —nos dicen los superdemocratones—; esto se hace para el electorado. Pero, ¿es que alguien decide su voto en función del debate? Dicho de otro modo, ¿quedaba anoche gente que dudaba entre votar a Rajoy o Rubalcaba? Y que conste, no lo pregunto con incredulidad, sino con admiración. Si hay gente en esa tesitura, soy el primero en felicitarles. Les felicito por su capacidad de dudar. Porque el principal problema no es que siempre ganen PP o PSOE; es que ganan porque la mayoría de sus votantes votan sin cuestionárselo: porque en su casa siempre se ha votado a ese partido, o porque se lo manda su diario de cabecera, o porque son gilipollas. Pero mantener la indecisión, vacilar hasta una semana antes de las elecciones, quizá incluso hasta el día antes... Señores, esa indecisión, esa influenciabilidad, esa apertura mental, ese braingap suyo, es lo que mantiene viva a la democracia. Si no fuera por ustedes, no habría debate ni campaña. ¿Para qué, si la mitad de españoles tiene incrustada entre ceja y ceja su afiliación para toda la vida, y por más que los candidatos roben, mientan o se caguen en su boca no va a cambiar de opinión? PSOE y PP llegarían a un acuerdo y se turnarían como buenos hermanos: 8 años trincando tú, 8 años trincando yo.

No es que el debate sea garante de democracia. El debate es una mierda del tamaño de Wisconsin. Lo que garantiza la democracia es la indecisión, el flirteo, el chaqueterismo, el divorcio y la traición. Este 20-N, amigos, vayan al colegio y duden. Duden. A lo mejor, si nos lo pensamos mucho rato, esto se queda en stand-by 8 años más. Y que gobierne la de la limpieza del Congreso. Peor no lo hará.


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