miércoles, 9 de noviembre de 2011

RAZONES ELEGIR LA PAPELETA DE IZQUIERDA UNIDA- LOS VERDES




MUCHAS RAZONES PARA ELEGIR LA PAPELETA DE IZQUIERDA UNIDA- LOS VERDES


La coalición electoral de Los Verdes con Izquierda Unida y otras formaciones políticas de izquierda no ha sido casual ni fruto de la oportunidad electoral. El periodo de encuentro más cercano se inicia hace ya unos años, en el momento en que se avecinaba la crisis económica y empezaba con mayor dureza a implantarse medidas neoliberales para atajar sus consecuencias: Aumento del paro, ayudas a la banca; crecimiento de la deuda pública, subida de impuestos; falta de crecimiento productivo, bajada de salarios; necesidades presupuestarias, recortes en pensiones y ayudas sociales.

La socialdemocracia, representada por el PSOE en España, había ventilado su crédito en poco tiempo y había cedido a las presiones sin apenas resistencia. Una vez aceptado que la única solución se encuentra en la lógica del mercado, era el propio PSOE quien iniciaba los recortes en los derechos sociales y económicos, sin atinar muy bien donde era necesario frenar, y quedaban satisfechos los señores de la guerra.

En una economía de mercado donde el tánden Estado-Mercado era equilibrado y el crecimiento moderadamente satisfactorio la socialdemocracia podía vivir sin ideología. No había que poner énfasis en la distribución de la riqueza ya que había un aumento de bienestar en la base, había que mirar hacia otro lado de los problemas del tercer y cuarto mundo pues esto supondría poner en peligro el proteccionismo de la Unión Europea, había que dejar fuera cualquier intento de control de los mercados, pues esto conllevaría enemistarse con las transnacionales. Las transnacionales inician un proceso acelerado de entrada en España a partir del 2000, abonándose incluso ayudas de enorme cuantía para su instalación, sin garantía alguna de permanencia y mirando hacia otro lado en el control de la competencia y el “dumping”.

El socialismo, el PSOE, estaba en la inopia y tremendamente vanidoso de su apariencia de poder. El “statu quo” que ostentaba le hizo ser cada vez más conservador y prosaico. Las medidas sociales que aplicaba solo las llevaba a cabo a regañadientes, por la presión de los grupos de la izquierda y solo cuando estaban ya de forma mayoritariamente aceptadas por la población, es decir, sin riesgo de ningún tipo. Podemos recordar medidas tímidas de avance relacionadas con el derecho a una muerte digna, posicionamiento sobre la energía nuclear, legislación sobre gays y lesbianas, etc. Medidas políticas de avance de la democracia, al contrario, fueron siempre evitadas. La democracia representativa hacía aguas, la falta de separación de poderes era vergonzosa y la conexión entre la clase política y la ciudadanía cada vez se encontraba más alejada, la salida a escena del movimiento 15M es manifiesto evidente de estos asertos.

El PSOE se movía con total falta de escrúpulos ante sus propios escándalos de corrupción jugando siempre al “y tú más” con el PP, despilfarrando dinero público en inversiones improductivas y con dudosa rentabilidad política, utilizando el favoritismo, el dedo y la libre designación para los puestos técnicos de la Administración, repartiéndose el poder judicial con la derecha sin ningún sonrojo, disponiendo de unos medios de comunicación afines que les guardaban de que cualquier critica a su gestión fuera rebatida. Pero lo más pueril fue el chantaje a la gente de izquierda, con el miedo a la llegada al poder de la derecha. ¿Era preferible mejor que gobernará el PP o que gobernará el PSOE que, a fin de cuentas, era de “izquierdas”? El PSOE se había convertido en un gran partido “atrapalotodo” y en sus redes caían personajes representativos de la izquierda afanados por buscar el poder y la gloria personal o, al menos, su hueco laboral.

Acompañando a estos desatinos se hacía su política económica. En lugar de aplicar políticas keynesianas en momentos de bonanza, como mandan los cánones, se planteo una política de gasto que aumentará el endeudamiento más allá de límites racionales. Y cuando se quiso utilizar las políticas keynesianas en momentos de crisis, sin darse cuenta que no disponían de una política monetaria independiente que las sustentará, el gasto se incremento ya de forma peligrosa y suicida. Un gasto que no tenía como fin inversiones productivas sino repartos políticos, hechos para el consumo más desatinado. Y ya, más tarde, completamente desorientados y peleles de los poderes comunitarios decididos a obedecer la aplicación de cualquier tipo de medida que les dictasen desde los grandes de Europa. Humillados y vencidos por arriba, pero en el interior de España manteniendo el tipo y de forma altiva mintiendo con el “no existen recortes sociales” solo “medidas de ajuste positivas para el futuro bienestar del país”.

Mientras que esa falsa izquierda del socialismo, representada por Zapatero, cándido o simplemente incapaz, dependiendo de los gustos, iba destruyendo empleos, aumentando la presión impositiva, disminuyendo los servicios sociales y abriendo el abanico en la distribución de la riqueza; la derecha iba tomando posiciones: para medidas de cuño liberal era mejor solución que las gestión y el gobierno de Ayuntamientos, Comunidades y Estado las tomará las riendas el PP. La realidad se imponía, las medidas propuestas por el PP se iban efectuando por el PSOE con meses de retraso, de forma tímida, a destiempo, sin ganas y de forma furtiva: se sustituían los términos pero el fondo era el mismo: se inicia un lavado de imagen previo para que las medidas más duras tuvieran menos respuesta y se rogaba a los sindicatos que no dieran una respuesta demasiado agresiva. Nuevamente el chantaje, si llega la derecha, decía a los sindicatos, esto será peor.

La crisis de la construcción, la de las entidades financieras, la de deuda pública de los Estados, todas llegaban y se acumulaban unas tras otra, la solución que se ofrecía y que ahora esta consagrada como única alternativa posible para el modelo que piensan aplicar tanto el PSOE como el PP es la pérdida paulatina de los derechos sociales y económicos: pensiones y sueldos públicos disminuyendo, condiciones de los contratos de trabajo a favor del empleador, restricciones en el gasto sanitario y educativo, disminución drástica de las inversiones, tanto de obra nueva como de mantenimiento, en definitiva, parece que solo existe solución a costa de que la gran mayoría de la población vea perjudicado su presente y vea muy negro su futuro: pérdida de empleo, disminución de las ayudas sociales, depreciación de la educación y la sanidad, etc.

Para estos partidos no existe otra alternativa que doblegarse a los que denominan mercados, creyendo que estos pueden saciarse en algún momento, confiando que este camino conducirá a una paz perpetua en el futuro. Y a estas medidas de choque brutal las adornan con otras siempre incumplidas y recogidas en todos los programas electorales: eficacia en la administración, disminución de trámites para la creación de empresas, eliminación de puestos de altos cargos, reducción del capítulo de gastos corrientes y suntuarios, aumento de la productividad, lucha contra la corrupción y el fraude fiscal, etc. Todas ellas ya no son creíbles en una sociedad que mira con desdén a ese bipartidismo que nos tiene atrapados en el pesimismo, en la creencia que no existe salida y que existe un final de la historia y de las ideas ya que el libre mercado ha logrado imponer su supremacía.

No es cierto, primero porque la doctrina liberal no se está aplicando por esos neocons que fabrican sus teorías “ad hoc” para disponer de un mundo donde las clases privilegiadas sean cada vez menos y cada vez mayores sus lujos orientales, no hay nada de liberal en la restricción del mercado de trabajo, es decir, de la prohibición de la libre circulación de las personas; no hay nada liberal en la asignación del precio de las cosas, pues no se hace a través de una oferta-demanda de bienes reales, sino que el precio se asigna en mercados donde la cuestión política y el poder deciden las compras y las ventas; no hay nada liberal en mercados mundiales donde compañías transnacionales ejercen oligopolios en productos básicos. La política económica neoliberal esta basada en una farsa, al final, la única conclusión a que nos lleva se materializa en la necesidad de que existan muchos pobres para que existan algunos ricos, la conclusiones de sus trazos matemáticos llevan sin remedio a esa tesis final pues todo esta basado en una competencia imperfecta donde los poderes de los Estados son incapaces de hacer frente a las regulaciones de los operadores privados que actúan a escala planetaria. Y éstos, los capitales y los gestores de los capitales, reciben una plusvalía que va restando cada vez más valor al factor trabajo.

El movimiento político verde ha manifestado siempre su enfrentamiento con esa política pseudo liberal, ha advertido que el capitalismo tendría un punto de inflexión cuando se observarán sus efectos finales: que las externalidades negativas que generaba presentaban en el balance un mayor peso que las ofrendas que ofrecía a los Estados desarrollados. Y a esta conclusión también llegaban, planteando alternativas cada vez más cercanas al ecologismo, los movimientos de la izquierda tradicional.

Y, aunque no fueran alternativas compatibles, lo más sensato era buscar un frente común ante la amenaza de lo que algunos, PPSOE, consideran inevitable: rendirse a los conceptos económicos y sociales que buscan que solo existen un paradigma para continuar en este mundo.

Se ha dicho que el movimiento político verde, de forma irónica, era verde por fuera pero rojo por dentro, no es cierto, es como una gabardina reversible, rojo y verde según sea necesario. Se ha dicho que el ecologismo debe “pensar globalmente y actuar localmente”, pues no, ahora toca pensar y actuar global y localmente, es necesario tanto gobiernos democráticos mundiales como la gobernanza de nuestro barrio, distrito o municipio. Se ha dicho que el movimiento verde es un movimiento postmaterialista, de una sociedad en la opulencia, cuando la verdad es que desde su origen, en la Alemania donde los partidos comunistas estaban prohibidos y los verdes eran rojos y los rojos verdes, su razón de ser ha sido la crítica a una sociedad de consumo que consideraba el desarrollo humano a razón de la producción de bienes materiales.

En las elecciones generales de noviembre de 2011 partidos verdes y de izquierda han unido sus fuerzas y sus organizaciones con el fin de dar la batalla en estos próximos años donde se avecina una cascada de leyes presupuestarias e impositivas que no solo van a causar una pérdida de derechos sociales y económicos sino la confianza de la ciudadanía a que otro mundo es posible. Estas fuerzas, con sus debilidades y sus fortalezas, representan hoy a la izquierda plural y transformadora, la única capaz de enfrentarse a la derecha y salir de este pantano que nos ha metido, con la ayuda de la socialdemocracia. Los gobiernos son incapaces de llevar a cabo, por sí solos, reformas suficientes para salir de la crisis, a pesar de las promesas del PPSOE, ya que la política monetaria y fiscal está fijada en el marco internacional. No obstante, el gobierno puede ayudar al cambio y no persistir, dejar de creer en el fin de la historia y de resignarse vencido a aceptar teorías macroeconómicas apañadas e interesadas.

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