miércoles, 5 de junio de 2013

Eurovegas Night Club

Eurovegas Night Club

sheldon-con-su-esposa-aurovegas (1)
Muchos días, mientas la modernidad me grita desde los estantes de una frutería y acudo a comprar rúcula y nueces a un negocio de productos ecológicos sin intermediarios, paso por delante del Río Bar Club. Es uno de esos lugares oscuros por fuera donde un neón rosa chillón llama a filas a cincuentones, comerciales de provincias, turistas despistados y demás soldados del negocio de la carne. Es decir, sin eufemismos, un puticlub. Rara es la ocasión que al pasar por delante no me encuentro a una trabajadora fumando. Antes era diferente, estos lugares guardaban entre los cristales su sucio secreto, como uno que está cerca del Palacio de los deportes de Madrid que se llama El Paraíso y, haciendo gala a su nombre, lleva años cerrado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, como consecuencia de la ley antitabaco las mujeres salen a echarse un pitillo a la puerta. Pasa con los oficinistas, los profesores, los periodistas y, claro, con las trabajadoras del sexo también. No debería resultarnos tan raro que salgan a fumar, por mucho que al verlas no sepamos si están echando el de antes o el de después.
Ayer, mientas iba en busca de mi enésima dosis de engaño verde, una mujer rubia y tan demacrada que probablemente aparentaba más años de los que realmente tenía, mascaba chicle y fumaba en la puerta del Río. Delante de mí, una madre agarró por el cogote a su hijo y le regañó: “no miris fill”, que en castellano significa “qué no ves que es una puta”. Al otro lado de la acera, aquella mujer sintió cierto rubor y  tiró el cigarro mientras el dedo de las familias bien le señalaba la entrada a su infierno particular.  Una vez más en mi calle triunfó la lógica de lo que aquello que no vemos no existe. Como Eurovegas, esa macrociudad del vicio y del juego que pondrá patas para arriba todas las leyes vigente, donde millones de personas han decidido no mirar para no tener que ver.
Porque echamos a las putas de la calles si fuman pero no somos capaces de negarnos a poner el trasero si la que se prostituye en vez de una mujer demacrada que masca chicle es la sociedad en masa. Ah pero como el puticlub ya no está cerca de mi casa y no tengo que ver desde mi ventana cómo se rinde la legislación al capital, qué me importa a mí lo que pase en un sucio rincón de Madrid mientras tenga los cristales tintados y nadie salga a la puerta para fumar.
05. junio 2013 by Carlos Torres
Categories: Uncategorized2 comments

No hay comentarios: