miércoles, 7 de agosto de 2013

Viaje a Alcorcón con un parado que busca empleo en Eurovegas

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LUIS DÍEZ | 7 DE AGOSTO DE 2013


Un magrebí que recoge cartones pasa ante la sede del PP de Alcorcón, cerrada en julio y agosto por vacaciones. / Luis Díez
El conductor de maquinaria pesada, albañil, solador y en ocasiones poeta, Evaristo Fernández Largo, de ancestros griegos por parte de madre, se incorporó sin hacer ruido para no despertar a la parienta, se aseó, se enjuagó la boca con agua de menta y salió de casa, cerrando suavemente la puerta. Los niños y el perro Mingus dormían apaciblemente. El sol comenzaba a despuntar cuando bajó al metro. En la estación de Príncipe Pío tomó un autobús verde que le iba a depositar en el centro urbano de Alcorcón. Era temprano y agradeció la brisa fresca de la mañana.
Aunque era lunes, vestía de domingo: camisa blanca, corbata azul de nudo perenne, chaqueta de lino beige, pantalón gris de fibra con las rayas de las perneras perfectamente trazadas y unos brillantes mocasines negros. Sabía que cuando uno busca trabajo ha de causar buena impresión. Había leído y oído hablar tanto de aquel gran filón de empleo, Eurovegas, que repitió la canción de Joan Manuel Serrat –“Hoy puede ser un gran día”–, miró el santoral: Buenaventura, y decidió darse una vuelta por allí. En el autobús estuvo repasando mentalmente sus características: 48 años, en buen uso, sin enfermedad conocida si descontamos la tos perruna y las asquerosas flemas matinales del tabaco, experiencia acreditada, documentación en regla –se palpó la cartera en el bolsillo interior de la americana– y sabiduría suficiente para decir seis frases en inglés.
Le pareció que la calle de Cáceres, ya en Alcorcón, era demasiado larga para ser calle y merecía ser avenida. Se apeó en la rotonda principal, que tenía un castillete muy historiado de cerámica decorada y era el centro de la ciudad, y preguntó a un vendedor de sandías y melones. El Ayuntamiento estaba calle arriba, doblando a la derecha donde la cafetería Doney. Todavía era temprano y esos sitios oficiales no abren hasta las nueve, de modo que cruzó la calle y solicitó un café con leche en la terraza del bar Avenida, y aprovechó para preguntar a la joven camarera si existía alguna oficina de contratación para las obras de Eurovegas. La joven le miró con expresión despavorida. Minutos después, le preguntó: “¿Cuánto debo?” Y ella dijo: “Uno cincuenta”. Eso le animó: era precio de Eurovegas.
Antes de llegar al Ayuntamiento se encontró con un monumento. Era una mujer desnuda que se alzaba sobre un pedestal piramidal de losas de granito y elevaba una mano como si tratara de soltar a un Espíritu Santo en forma de paloma del mismo material ferruginoso del que ella estaba hecha. En el podio se leía: “Alcorcón a la libertad”. A un lado de la plazoleta vio una gaviota. Era la sede del PP, un estupendo local esquinero en la planta baja, con amplios vitrales como si fuera un banco. Un rótulo decía: “Centrados en ti”. Las cristaleras estaban adornadas con carteles deMariano Rajoy y del alcalde, un joven que parecía un cantante melódico, con el nombre al lado:David Pérez.
Se dijo que en la sede del partido gubernamental le podrían informar sobre las contrataciones para Eurovegas y se acercó a preguntar. La puerta estaba cerrada. Miró los carteles de Rajoy y de ese Pérez y también uno de “vota PP” y consultó la hora en su teléfono celular. Todavía era temprano y estos establecimientos no suelen abrir hasta las 10. Un hombre del portal de al lado le observó y le dijo que no valía la pena esperar. “Están de vacaciones y no abren hasta septiembre”. Él se cercioró: “¿Estamos a 15 de julio, no?” El hombre asintió. El Ayuntamiento estaba al lado, nada más cruzar una pequeña calle y se dirigió a la entrada principal del viejo edificio de ladrillo, adosado y asombrado por una mole que era el nuevo edificio, también de ladrillo. Al entrar vio unos folletos lujosamente impresos en papel satinado que se titulaban “Innova Alcorcón” e informaban de que el consistorio cuenta con “administración electrónica”.

Un mendigo pide limosna en la calle en Alcorcón. / L. D.
Una funcionaria muy amable, entrada en años y en carnes, le informó de que no le podía informar sobre Eurovegas porque nadie sabía nada. Un policía local reforzó su explicación: “Todos hemos visto al alcalde y al presidente autonómico con el magnate ese…” “Mister Adelsón”. “Sí, han salido por televisión, pero aquí nadie sabe nada”.Entonces la funcionaria sacó de un cajón un papelito del tamaño de una foto de cané y le dijo: “Si usted quiere, llame aquí, es la bolsa de empleo”. El papelito decía “Imepe, c/Químicas, 2. Pol. Industrial Urtinsa II. Tfno: 916648415”. Llamó desde la plaza del Ayuntamiento, que tenía unos olivos escuálidos. Una voz masculina le indicó que podía enviar su currículo por correo o rellenar el cuestionario a través de la www. imepe-alcorcon.com. “Con esto de Eurovegas, ¿tendrán muchas demandas, no?”, quiso saber. La voz tardó en responder y luego dijo: “No se crea usted todo lo que dicen”. El demandante de empleo adujo:“¿Entonces lo que dijo la señora Aguirre de que en un año empezaría la actividad..?” El interlocutor contestó: “Políticos…”
Unos tipos que haraganeaban junto al bar Miver-plaza le miraban con curiosidad, como si hubieran captado honda. El demandante encontró un locutorio y rellenó el formulario por la web y resultó que el Imepe, cuyas siglas equivalen a Instituto Municipal de Empleo, no es sólo para Alcorcón sino para toda España. Cuando terminó la operación indolora le dieron la clave w3ro6. La memorizó y antes de que se le olvidara entró en una librería que vendía diarios y libros de saldo y compró un bolígrafo y un periódico y anotó la clave. Un hombre de edad avanzada, que hacía compañía a la mujer que atendía al público y leía ante una vieja mesa que tenía un ordenador apagado, le confirmó que de “Europegas” nadie sabía nada. “¿Europegas, dice usted?” El hombre había leído y dijo que, por lo visto, el magnate Adelson sólo ponía pegas y después de la exoneración del IBI y de otros impuestos quería garantías de que en los casinos y clubes y hoteles se podría fumar.
Era un hombre simpático y locuaz, y el buscador de empleo le dio cuerda. El hombre se quitó las gafas y se puso a explicarle que por lo visto la ministra del Jaguar se negaba a hablar del fumeque en el Parlamento, y que a saber los compromiso que habría adquirido la “lideresa” y su sucesor Nacho González con el magnate, y a saber si Rajoy, que también se había reunido en secreto con Adelson, tragaba lo de la “ciudad sin ley” porque, por lo visto, las excepciones de las normas laborales, del planeamiento urbanístico, de la prohibición de fumar y de las regulaciones fiscales le obligaban a reformar leyes nacionales.
El buscador de empleo decía: “ya veo”, y le escuchaba con la vista puesta en los montoncitos de libros de saldo. El hombre se tocó con dos dedos la nariz como si quisiera indicar que todo eso deEuropegas olía mal y le siguió explicando a media voz: “Y luego está toda esa endiablada trama de intereses urbanísticos en la zona de Villaviciosa, el Ventorro del Cano, la Venta de la Rubia y Cuatro Vientos”. Por lo visto, aunque las fincas son de varios propietarios, el principal es Metrovacesa, cuyo 50% pasó de la familia Sanahuja a los bancos Santander, BBVA, Bankia y otros acreedores que en cuanto delimitaron la zona para Eurovegas, elevaron el precio de los terrenos de37 a 85 millones de euros.
Ahí en Metrovacesa, siguió diciendo el hombre, estuvo de consejero –no sé si sigue– el marido de la señora CospedalIgnacio López del Hierro, y por lo visto hizo negocios inmobiliarios con el yerno de Aznar, el tal Agag, y con los italianos del grupo Caltagirone. “¿No lo sabía usted?” El buscador de empleo se encogió de hombros y dibujó en su huesuda cara una mueca de ignorancia. “Pues ya lo sabe. Ni siquiera han puesto la primera piedra y ojalá no la pongan. Y eso sin contar todo el lío del aeropuerto privado que por lo visto quieren hacer en El Álamo y que interfiere con el de Cuatro Vientos”. El buscador de empleo agarró finalmente un libro de saldo y entregó al hombre los tres euros del importe. Aunque hacía años que lo había leído, le apetecía tenerlo. Se titulaba Vuelva usted mañana.

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