domingo, 23 de febrero de 2014

Soy muy intolerante.


Soy intolerante con ese psicópata de Armani que obtiene beneficio con la muerte ajena, con todo aquel que aplaude con sarcasmo cada bombardeo de democracia tipo B52 contra poblaciones enteras por unas absurdas bolsas de sol que guardan bajo sus pies.

Soy intolerante con la esclavitud asalariada a la que me somete la clase dominante, porque pertenezco a la clase dominada y encima nos quieren calladitos porque les sobramos a millones.

Soy intolerante por algo tan básico como que al que te jode a diario y durante toda la vida pues se le odia, no se le tolera o se le ama.

Soy intolerante porque no quiero consentir que el resultado de mis heridas sea producto del placer sádico de mis amos por golpearme, por ensañarse conmigo o cualquiera de los míos, mientras permanezco quieto reivindicando un absurdo si no hago nada para defenderme.

Soy intolerante con este mundo tan injusto, irracional, jodidamente mal hecho y sobre todo mal repartido; porque hay que estar muy mal de la cabeza para tolerarlo.

Soy intolerante con aquel que humilla a una mujer por creerla su propiedad, al que maltrata o hace trabajar a un niño, al que predica su superioridad blanca frente a un negro, al que rie con la desgracia de la mendicidad capitalista y a todo aquél que crea estar por encima mia o de los que me rodean por estas gilipolleces.

Soy intolerante porque formo parte de la última resistencia del amor, pues entiendo que todo este bello sentimiento que muchos llevamos dentro es solo un fin si los medios no acompañan.

Soy intolerante porque reivindico el odio que surge de las entrañas mismas hacia ese enorme pecado Capital que rige el mundo, sin dejarme cegar jamás por la paz a toda costa porque pierde su sentido si estamos rodeados de tanta guerra, muerte y miseria.

Soy intolerante porque no puedo quedarme callado mientras me convierten en una cifra más, en un puto código de barras o un simple coste de producción. No pienso ser tan cobarde y mezquino de tolerar todo eso, no sin desear cargarme a todos esos cabrones de la burguesía mientras suplican clemencia por el el crimen que supone su mera existencia.

Soy intolerante, así es, y lo que me cabrea es que seáis tantos los que no tenéis sangre en las venas defendiendo a toda costa la tolerancia.




Miguel G. Macho

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