viernes, 2 de junio de 2017

El amo debe comprender que ya no es amo, que ha perdido su negocio, y que el estado del bienestar es “nuestro negocio”, el de todos, intocable e intransferible.


CONTRACORRIENTE



Para comprender lo que sucede en este país, tenemos que comprender al “otro”, es decir, aquel que es distinto a la mayoría, el rico. Tras el colapso la clase pudiente argumentaba, “los pobres viven por encima de sus posibilidades” o “al no tener nada, los pobres no sufren la crisis”, es decir, el colapso es culpa de la mayoría pobre y la sufre la minoría rica. Más allá de entrar a valorar la óptica minoritaria, cae por su propio peso, observamos como las clases altas argumentan sobre lo sucedido, y lo hacen para poder justificar sus acciones: mantener su estatus en base al expolio de lo público.
La construcción quiebra, el sector inmobiliario se hunde, la banca y los mercados se desploman, el rico no puede tolerar ni soportar su situación ruinosa, mantiene su estatus en base al expolio del bien común, se inyecta capital, fondo perdido, a la banca, se invierte en la bolsa de valores, se privatizan servicios, se especula con las viviendas de protección social, etc…
Aun hoy vivimos inmersos en este proceso perverso, es más, el poderoso sigue sin aceptar su parte de responsabilidad, inadaptado, no es capaz de aportar soluciones, navega contra la corriente, se convierte en la fuente del problema y con el tiempo, en el problema mismo.
Pero somos una mayoría, suponemos que vivimos en democracia, todos queremos recuperar lo perdido, y no vamos a lograrlo hasta que no señalemos y sacrifiquemos el problema llamado “crisis”; es necesario definirlo y acotarlo, sesgar de cuajo, extirpar el patógeno maligno que aqueja nuestra sociedad, una sociedad coronada por unos señores que no aceptan que se han equivocado y que deben pagar por hacerlo, simple, recuperarse con humildad y sin expropiar lo ajeno.
El amo debe comprender que ya no es amo, que ha perdido su negocio, y que el estado del bienestar es “nuestro negocio”, el de todos, intocable e intransferible.
No hay nada por negociar.

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